La envidia es uno de los sentimientos menos aceptados socialmente y uno de los más comunes en las relaciones interpersonales. La psicología cognitiva ha relacionado la elevada frecuencia de sentimientos de envidia con la baja autoestima (Habimanna & Massé, 2000), por lo que resulta esperable que una persona que ‘padece’ envidia sienta empequeñecimiento y se perciba de forma imaginaria desalojada de un espacio también imaginario. Se ha relacionado también la envidia a personalidades con predominancia narcisista.
La envidia se manifiesta fisiológicamente como un ‘dolor’ para el envidioso, manifestaciones que generalmente intenta ocultar, ya que suelen resultar evidentes en especial en su mirada, su voz y su conducta de apartamiento. Se le dispara una señal de alarma ante lo envidiado, que significa que su atención se incrementa, se produce una activación pero, paradójicamente, pierde precisión para concebir al objeto/sujeto de su envidia. Entonces, se suele afirmar que el envidioso está desorientado frente a lo envidiado, ya que la señal de alerta y el dolor mental de su sentimiento le restan minuciosidad para observar y comprender en detalle qué está siendo envidiado. Suele haber envidia por algo que no se tiene, y es otro el que lo tiene, por algo que no se es, y es otro el que lo es, por un lugar que no se ocupa, y es otro el que lo ocupa. Sin embargo, tanto el objeto del tener, lo que se es y el lugar que se ocupa suelen corresponder a espacios imaginarios de valorización que crean un centro y una periferia. El envidioso se percibe en la periferia, y el carácter imaginario de estos espacios implica que podría regular su sentimiento resignificando incluso la misma existencia del espacio que ha aceptado (Marino en ‘El Exosentido’, 2013). No se puede negar la existencia real de un coche de alta gama, pero si se puede regular que su posesión implique quedar desalojado en una periferia.
Los centros nerviosos de la envidia activan los centros del castigo, y una variable sumamente relevante es la consideración hacia el mérito del envidiado por ser, tener u ocupar el lugar en los espacios imaginarios. Polosan et al. (2011) estudiaron con resonancia magnética funcional la actividad cerebral durante la competitividad entre personas. Los espacios imaginarios de competencia suelen activar envidia cuando los lugares que se van ocupando provocan desplazamientos. Se encontró una extensa red, que incluye centros que provocan castigos e inhibiciones, como la corteza cingulada y la ínsula, los lóbulos temporales y el hipocampo. Estos investigadores de Grenoble, Francia, hallaron que las activaciones pueden ser moduladas por las funciones ejecutivas, lo que supone un rol destacado de la regulación y de la evaluación por parte de procesos cognitivos superiores. Cuando se considera que no hay mérito, la envidia se emparenta con la indignación. Cuando se reconoce el mérito, la envidia tiene relación con cierta necedad. Cabe considerar que las emociones son conceptos difíciles de definir de un modo unívoco, son palabras muy antiguas que admiten numerosos significados y hay investigadores que prefieren evitar hablar de sentimientos categóricos como envidia o soberbia para mejor utilizar coordenadas sin categorías, como qué tanto me agrada algo, que tanto me cautiva y que tanto creo que lo puedo controlar (Gross, 2008).
Una película que exhibe la complejidad de las emociones y sus intercambios es ‘Expiación, deseo & pecado’ (‘Atonement’) donde los rasgos visuales de la envidia y los celos están brillantemente expuestos por la actriz irlandesa Saoirse Ronan, en el papel de Briony Tallis. Su mirada segrega poéticamente veneno, su boca tiene la inflexión de desagrado en la comisura de sus labios y sus pensamientos abundan en imaginerías irracionales que en la historia condenan el destino de un amor.
Se aprecia como los celos y la envidia están emparentadas en tanto emociones de valencia negativa y escaso control por parte de quien las experimenta. Muestra la faz más destructiva de estas emociones cuando se introducen en las relaciones entre personas, y también su esencia intersubjetiva.
Artículo publicado por el autor en Multivariada
www.multivariada.com

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